Salvador

Como toda buena serie policíaca, esta historia comienza con la llegada de un nuevo compañero. Salvador.

Salvador viene a cubrir el hueco que dejó mi anterior colega, “Tiburón”.
Tiburón era un tipo rápido, ágil y con mucho nervio. Su aspecto no pasaba inadveritdo y su personalidad, arrollaba. Le llamaban así a causa de un bulto con forma de aleta en la chepa. Bonito no era, pero remataba su carácter.

Tiburón y yo recorrimos muchos kilómetros juntos. Cruzamos España de este a oeste unas cuantas veces; en verano, en invierno, de día y de noche. Viena y Bolonia fueron nuestras dianas más lejanas, y cuando necesitábamos una desconexión, la cornisa cantábrica era nuestro patio de recreo.

Pero un día la fatalidad se cruzó en nuestro camino y no pudimos frenar a tiempo. Tiburón murió junto a un lago italiano, mientras una pareja de carabinieri bromeaba y me ponía la cabeza como un bombo.

Yo no espero que Salvador haga las mismas cosas que Tiburón hacía. No tiene la misma preparación ni tampoco sus mismas hechuras. Ni el mismo carácer, definitivamente. Un británico sin escrúpulos lo llamaría sissy sólo con mirarlo; y muchos son los personajes que se mofan de él: coches más potentes, motos más ligeras… Y toda esa pandilla de hijoputas que aparca como les sale de los mismísimos.

Pero este chico tiene algo de especial. Tras un mes y medio juntos, ya carga con cuatro mil kilómetros y dos cimas de dos mil quinientos metros, sin despeinarse. Así que habrá que ver cómo se las apaña este pequeño japonés, porque apunta buenas maneras.

 

Good luck, son.

DSC_0035_blog

 

Anuncios